Él era azul cielo,
azul de día, azul de noche.
Se despertaba con aires de buen día,
y su sonrisa contagiaba la misma alegría
que ver un cielo sin nubes
y un sol radiante asomarse por el horizonte.
Él era un cielo nocturno,
azul oscuro, azul profundo,
y mirabas en su ojitos brillosos
como miras por tu ventana a medianoche,
luz de estrellas que ilumina,
mirada que no se olvida.
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